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Publicado el 25 de octubre de 2006 a las 05:03 horas.
Gabriel Ruiz-Ortega
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Algunos de los cuentos de este volumen han aparecido en revistas
de importancia y estirpe como The New Yorker. El ascenso literario
que Alarcón ha experimentado con su primer libro ha sido
vertiginoso. War by Candlelight (Guerra a la luz de las velas) es
un conjunto marcado por el desarraigo, la búsqueda interior
y buenas dosis de ternura.
Estamos ante once relatos irregulares que denotan
la destreza narrativa que Alarcón exhibe. Esta destreza descansa
en un conocimiento cabal de las técnicas narrativas, no por
nada Alarcón se ha nutrido de la que quizá sea la
literatura más fecunda del siglo XX: la norteamericana. En
los mejores cuentos se deja notar la influencia de Faulkner, técnicamente
hablando.
En el cuento Ciudad de payasos vemos a un joven periodista
que se disfraza de payaso para escribir y cumplir con un artículo
periodístico; en plenas peripecias Óscar, el protagonista,
recuerda su pasado, es abordado por sus complejos de clase y no
puede zafarse del recuerdo de cuando tuvo que ayudar a su padre
cuando este se disponía a robar las casas de sus compañeros
de colegio. Óscar era un muchacho de clase baja que debido
a sus buenas calificaciones escolares se le otorgó una beca
para estudiar en uno de los colegios más elitistas de Lima.
Este mundo que Óscar no conocía le permite saber lo
que es el racismo y el abuso, razones más que suficientes
como para germinar y cimentar un resentimiento con el que él
ha luchado desde siempre. Óscar, ya disfrazado de payaso,
se reencuentra con el mundo por el que se movía de niño
y al que se resiste reasimilar. Son varios los méritos de
este relato, por un lado tenemos el buen juego temporal, y por otro
lado, la cuota de ternura que no cae jamás en la cursilería.
Este cuento es de por sí especial en la corta carrera de
Alarcón, el mismo apareció en The New Yorker bajo
el nombre de City of Clowns, y el que le sirvió como carta
de presentación ante una editorial como Harper Collins. Ni
más ni menos.
Desde hace un tiempo se está hablando de uno
de los tantos futuros de la novela, no es nada extraño entonces
que en un mundo cada vez más multicultural la inmigración
sea uno de esos temas. El error radica en hacer pasar este tópico
como nuevo, lo cual nos lleva a estar alertas con las modas preparadas
por las grandes editoriales, es por ello, que siempre es bueno reflexionar
con responsabilidad y darnos cuenta de que esta no es una tendencia
nueva. Tenemos a los ingleses Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi y Salman
Rushdie como la mejor muestra de ficción escrita por hijos
de inmigrantes, y digamos que estos tres narradores no son nuevos
en el asunto.
En Guerra a la luz de las velas, el relato que da
título al volumen, nos encontramos con la mejor historia.
Fernando es un militante terrorista que mientras está en
vías de cumplir su misión recuerda los episodios más
aciagos de su vida. De por sí, este cuento tiene una de las
frases que quedará en el recuerdo: “Su madre murió.
Lima aceptó su tristeza y le regaló un mes de días
nublados.” Solo los que trabajan el talento tienen esta capacidad
de generar imágenes y sensaciones en pocas y secas palabras.
Quizá una de las fallas de este volumen descansa
en la falta de una mayor introspección de los personajes,
pero esto se deja ver más que nada en los relatos añadidos
que no aparecieron en la edición primigenia. La miseria clásica
de los habitantes de los Andes adolece de mayor trabajo, puesto
que no es verosímil, pero Alarcón, conciente de esto,
sabe suplirlo bien con la creación de una atmósfera
que termina haciendo que los cuentos sean de por sí más
que interesantes.
En líneas generales, no hay pierde con este
libro. La irregularidad señalada está suscrita en
el terreno de la ambición, y ello, vale. Dicen los entendidos
en cuento –el género más difícil de abordar-
que un libro de relatos es memorable cuando tiene un cuento extraordinario;
bueno, Guerra a la luz de las velas no tiene un cuento extraordinario,
tiene cinco. Un gol desde el medio campo para Alfaguara, que pese
a los filtros de traducción, editó un libro que no
deja indiferente y que es de por sí la mejor carta de presentación
en el debut del autor.
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